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Siempre hay un poema…Kavafis

1 junio, 2008

Siempre estamos queriendo cumplir Objetivos que nos marcamos, olvidándonos de que en el proceso para conseguirlos nos perdemos… ¡La vida!

Kavafis nos lo recuerda en su conocido poema:

ÍTACA

Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrigones y a Cíclopes,

o al airado Poseidón nunca temas,

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia

la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones ni a Cíclopes,

ni al fiero Poseidón hallarás nunca,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.

Que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer, felizmente

arribes a bahías nunca vistas;

detente en los emporios de Fenicia

y adquiere hermosas mercancías,

madreperla y coral, y ámbar, y ébano,

perfumes deliciosos y diversos,

cuando puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;

visita muchas ciudades de Egipto

y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta.

Mas no apresures el viaje.

Mejor que se extienda largos años;

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.

Sin ella el camino no hubieras emprendido.

Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.

Rico en saber y en vida, como has vuelto,

comprenderás ya que significan las Ítacas.

 Pero en otro poema suyo menos conocido, LA CIUDAD, se pone más duro y advierte que no se puede huir de nosotros mismos, que las situaciones hay que arreglarlas “aquí y ahora”:

Dices “Iré a otra tierra, hacia otro mar

y una ciudad mejor con certeza hallaré.

Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,

y muere mi corazón

lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.

Donde vuelvo los ojos sólo veo

las oscuras ruinas de mi vida

y los muchos años que aquí pasé o destruí”.

No hallarás otra tierra ni otra mar.

La ciudad irá  en ti siempre. Volverás

a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;

en la misma casa encanecerás.

Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques – no la hay-

ni caminos ni barco para ti.

La vida que aquí perdiste

la has destruído en toda la tierra.

 

¡Tomaremos buena nota!

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